Mañana, cuando vuelva, no encontraré nada más que mis recuerdos.
Es posible que muchos de los que nombre no se encuentren en Coquimbo, me incluyo, es posible que algunos otros no estén en este mundo (casi me excluyo), es más que seguro que los que habitan este puerto no se hayan dado cuenta de lo mucho que ha cambiado la ciudad, adelantos dicen, es como crecer, no tienes ya el mismo ritmo de la niñez, ya no corres a tomar la locomoción.
Qué hemos dejado en el recuerdo, lo agradable de nuestra vida, los amigos, los lugares, los personajes. Vamos caminando al ritmo del "progreso", nos acomodamos, nos hacemos parte del paisaje urbano y con el vamos cambiando.
Por eso no quisieramos estar tan lejos, para que cuando regresemos no nos ladren los perros, y que al pasar por las calles de nuestro pueblo no nos falte el saludo y el abrazo fraterno. Pero sé que el regreso es distinto, es despertar en otro suelo.
Si vuelvo, no encontraré la poza con el bote viejo en el centro, no hundiré mis descuidados pies en el verde pantano que bordea el Fortín Motta, no podré pichanguear en la cancha del Glogló, ni tendré tardes completas en la galería del Cine O'Higgins.
Si vuelvo, encontraré las miradas de mis amigos con cara de ver muertos, quizás un poco discretos; recorreré los almacenes y no los hallaré, estaré algo inquieto.
Cuando vuelva, lo más seguro es que iré de tu mano, por si me pierdo.